
Estos días en un periódico de ámbito local se ha repetido la noticia de que en la calle Larios ya se pueden ver a mujeres que van con el rostro cubierto. Mi primera reflexión con respecto al uso o no en público del velo islámico es que debe ser obligatorio tener en cuenta a todas las parte a la hora de debatir y tomar decisiones en temas tan importantes como son los relativos a la intimidad.
Para enfocar este tema creo que es conveniente plantear algunas preguntas:
- ¿Es un hecho cultural o es religioso el uso del velo islámico por la mujer?
- ¿Humilla su uso a la mujer y la excluye socialmente?
- ¿Se siente privada de libertad la mujer a la que se le prohíbe que lo use o por el contrario lo usa por su falta de libertad?
- ¿Por qué todas las formas de discriminación recaen siempre sobre las mujeres y nunca sobre los hombres?
- ¿Qué tipo de velo: el que cubre el pelo o el que descubre solo los ojos?
- ¿Su uso es un tema relativo al ámbito privado o afecta al publico?
La realidad es que es un debate que ha trascendido a la esfera pública en aquellos países occidentales de larga tradición en recepción de población inmigrante que profesan la fe islámica. Sin embargo en países como España donde la trayectoria migratoria es aun corta en el tiempo, estamos a tiempo de hacer las cosas mejor aprendiendo de los errores ajenos.
Parece que las segundas generaciones usan el velo como una forma de autoafirmación de la propia identidad, por tanto, tendremos que plantearnos qué se ha hecho mal por ambas partes en el proceso de integración de los flujos migratorios para que se produzca ese desarraigo, esa necesidad de buscar una seña de identidad propia y distinta del modelo social aparentemente imperante en su entorno.
No es posible resolver este tema sin escuchar a todas las partes: mujer que usa el velo y sociedad española en su caso.
Desde mi humilde punto de vista de mujer y feminista supone una clara forma de discriminación sobre la mujer. Llegar a adoptar esta postura me ha supuesto andar un camino del que partí estando a favor del uso del velo como forma de respeto a la libertad individual y a los distintos hechos culturales. Durante este viaje he conocido, escuchado, observado y leído al respecto de este tema.
Las llamadas feministas islámicas forman un grupo que han estudiado el origen del uso del velo y señalan que en el Corán no figura como tal y como uso obligatorio. Incidiendo en que habría que tener en cuenta al respecto tres líneas: la que interpreta el Corán de manera literal, la que lo interpreta de manera extensa y las que tienen en cuenta las distintas traducciones y escritos que lo desarrollan. Parece que el Corán no se refiere a velo mas que en siete ocasiones y como una cortina que separa la intimidad. Son otros escritos los que se refieren a él con la función de cubrir el pecho pero no el pelo ni el rostro. Por tanto, ¿cultura o religión?. Claramente cultura. Ellas viven la religión en el ámbito privado.
Por mi parte, pienso que no debe ser nunca una forma de cultura la que considere a la mujer la guardiana de la pureza de toda la sociedad, curiosamente los hombres occidentalizan su indumentaria al llegar a Europa y son las mujeres las que no pueden hacerlo.
También creo firmemente en la laicidad como fundamento de una sociedad democrática y multicultural por lo que la religión debe quedar constreñida al ámbito exclusivamente privado.
Es cierto que el camino correcto quizá no sea la prohibición sino el lento pero seguro camino de la sensibilización y la educación en el valor de la igualdad y el respeto.
2 comentarios:
Me parece muy acertada tu reflexión, es verdad que es un hecho cultural y no religioso, ¿Por qué el hombre árabe en Occidente, cambia su indumentaria? Y ¿sólo la utiliza en actos oficiales o de representación?
A Propósito de indumentarias
Recuerdo que el hijo de una compañera y amiga, aventajado comercial, y vendedor número uno de una importante empresa, recibía a diario regañinas de su jefe porque, en pleno verano y recorriendo con su furgona toda Andalucía, no usaba la indumentaria que le imponía la empresa (chaqueta y corbata), sino que se atrevía a llevar unas elegantes bermudas y frescas camisas o camisetas. El conflicto se resolvió cuando este joven comercial, de regreso de sus vacciones, llegó vestido con una áun más fresca chilaba. ¡Santo Remedio! Azorados y sin respuesta, ya ningún jefe se atrevió a decir nada más sobre su indumentaria. Este joven, mientras vivía su triunfo personal, me comentó: - Lo que tengo claro es que pude hacer esto porque soy un chico, de ser mujer nunca podría haberme puesto una chilaba y menos aún cubrirme el pelo con un pañuelo para que el sol no me derrita el cerebro. Esta anécdota que fue motivo de gran jolgorio en nuesras familias, puede ayudar a profundizar en otras facetas de este tema que nso ocupa ¿Por qué a los chicos para reforzar su identidad no se les ocurre vestirse con la indumentaria tradicional?
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